Educación Emocional: ¿Cómo abordar el miedo al fracaso?

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Educación Emocional: ¿Cómo abordar el miedo al fracaso?

Para mejorar la sinceridad y la confianza de nuestros hijos es importante no protegerlos en exceso. Los niños tienen que experimentar y enfrentarse a los problemas. Mentirles o evitarles situaciones dolorosas no les ayuda. Cuando se explican los hechos, ellos ven que sus padres tienen la fuerza emocional para examinar y enfrentarse a las situaciones – por muy difíciles que sean – aprendiendo, así mismo, que ellos también lo pueden hacer. Es bueno observarle y dejarle que se equivoque porque es una manera para que aprendan. Es importante no olvidar los tres puntos siguientes:

No ocultar los sentimientos / No ocultar los errores / No  temer decirles la verdad

Los niños necesitan el apoyo emocional de los padres, se les tiene que dedicar tiempo y tienen que sentirse apoyados con las conductas diarias –tanto en el éxito como en el fracaso-, reconociendo el esfuerzo que hacen y sus mejoras.

Es necesario reflexionar sobre las ventajas que tiene desarrollar la inteligencia emocional en los niños y tomar conciencia sobre la importancia de este desarrollo a nivel afectivo que facilita, tanto a nivel familiar como escolar, el que los niños sean felices y se desarrollen sanamente.

Partiendo del hecho que los padres son el principal modelo de imitación de sus hijos, lo ideal sería que ellos, como padres, comiencen también a entrenar y ejercitar su inteligencia emocional, para que sus hijos puedan adquirir esos hábitos: “Trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás”.

Existen casos en que los padres sí se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero no les dan soluciones emocionales alternativas y piensan que, cualquier forma de manejar esas emociones “inadecuadas” es correcta (por ejemplo, pegándoles); así también, como casos en los que se menosprecian o no se respetan los sentimientos del niño (por ejemplo, prohibiéndole al niño que se enoje, ser severos si se irrita, etc.)

Se recomienda realizar actividades para iniciar a los niños en el reconocimiento y diferenciación de las emociones básicas; por ejemplo, proporcionándoles un vocabulario relativo a las emociones, para que de esta forma puedan iniciarse en la identificación y comunicación de sentimientos (comunicación asertiva en pos del diálogo). Es importante, por lo tanto,  brindarles un vocabulario emocional, llamar a las emociones por su nombre: estoy enojado, estoy triste, siento rabia, estoy contento

Y en su casa, ¿qué herramientas aplica para potenciar la inteligencia emocional?

Ayuda a tu hijo con el miedo al fracaso

El miedo al fracaso tiene mucha presencia en nuestra sociedad; nos fue inculcado en la niñez y lo arrastramos de por vida. Sabemos, en realidad, que el fracaso no existe por ser éste simplemente la opinión de alguien que tiene una idea determinada de cómo deben ser y hacerse las cosas. Además, nos desarrollamos bajo el supuesto que estar feliz o reír es algo positivo y que, estar triste o llorar es algo negativo. Existe, también,  la idea que debemos ser felices y exitosos constantemente, lo cual es poco realista, sobre todo si comprendemos la sensibilidad como una fortaleza para la interrelación con el entorno, en tanto nos brinda determinada disposición frente a un fenómeno en particular.

Estamos llenos de convencionalismos que nos dicen cómo debemos actuar y de qué manera hay que hacer las cosas, sin detenernos a pensar si realmente esa opción es para nosotros la más valida. Y, aun cuando consideramos que ése es el resultado o que es así deseamos proceder; si no lo conseguimos, vivimos esa contrariedad no como un inconveniente, sino como un fracaso de nosotros mismos como individuos.

El no triunfar en algo que trato de hacer no implica mi fracaso como persona, se trata simplemente que no he conseguido el éxito en esta tarea y en este momento presente.

Cuando un animal lleva a cabo una acción, no cuestionamos su éxito o fracaso, simplemente  reconocemos que hace lo que puede, como puede. (Si un gato quiere cazar un ratón y se le escapa, en lugar de lamentarse porque ha fracasado, sigue intentándolo hasta que consigue atrapar uno).

Es ahí donde el ser humano se complica, en lugar de seguir intentando lo que quiere conseguir, se dedica a lamentarse y opta por dejar de practicar aquello que desea lograr.

Si el temor al fracaso te impide lograr tus metas o disfrutar de tu vida, toma en cuenta lo siguiente:

  • Ve el fracaso en su dimensión real. Como algo que te enseña y te ayuda a corregir para poder llegar a tu meta.
  • Recuerda que todo el mundo fracasa en innumerables ocasiones, independiente del sexo, edad, raza, profesión, etc. La única diferencia es que a veces conocemos dichos fracasos y a veces no. Hay quién les da mucha importancia y hay quién no se la da.
  • Cuando falles, no te culpes, critique o regañes. Simplemente analiza en dónde estuvo el error y cuál es la mejor manera de corregirlo. A partir de este análisis, haz los cambios necesarios.
  • No permitas que el fracaso te derrote o te desmoralice. No renuncies. No lo veas como algo personal. Piensa en el fracaso como una señal en tu camino, que te indica que necesitas tomar otra ruta.
  • No olvides que el fracaso es parte del éxito. Superar el fracaso, simplemente es hacer ajustes necesarios para corregir el camino hacia el éxito.

Preparar a un hijo para el fracaso no es tarea sencilla. Muchos se frustran ante el fracaso y no entienden que no siempre se puede tener éxito.  Es  por ello que se recomienda a los padres alcanzar un adecuado equilibrio entre la sobreprotección y la permisividad.

Es un logro evolutivo conseguir tolerar la frustración que produce un fracaso y además, completamente necesario para que, cuando el niño llegue a ser adulto, tenga las herramientas y recursos necesarios para poder hacer frente a las situaciones adversas que se producirán a lo largo de la vida.

Hay niños que no están acostumbrados al fracaso y les resulta difícil  aceptar un no como respuesta ante sus propias demandas y el allí donde, en ocasiones, los padres intentan por todos los medios evitar estas situaciones para ellos; esperan  que no se frustren y logren convertir todas sus experiencias en éxito tras éxito. Esto es un profundo ERROR, ya que de esta forma no le enseñaremos a superar estas situaciones de fracaso y evitaremos que comprendan que, por el contrario, es algo completamente necesario para dotarle de recursos y armas con las cuales enfrentar en el futuro las complicaciones.

En psicología está bien demostrado que la sobreprotección de algunos padres es uno de los principales factores desencadenantes de esa intolerancia a la frustración o no aceptación del fracaso. Pero, por otro lado, la excesiva permisividad también puede contribuir a que se produzca. Por ello, los padres deben conjugar la una con la otra. Es decir, dentro de los estilos educativos de los padres… ni el ser permisivo, ni el ser sobreprotector.

Vamos a ver unos buenos consejos, desde la psicología, que pueden ayudar a los padres en la tarea de evitar o superar el miedo al fracaso:

  1. Enseñar el valor del esfuerzo: Es muy importante educarles para que sepan apreciar en su justa medida la importancia de esforzarse. De esta manera aprenden a valorar más las cosas y aprenden que, para superar las dificultades, el mejor aliado es el esfuerzo.
  2. La constancia, otro gran aliado: hay que enseñarles a perseverar y a no abandonar las tareas u objetivos a la primera de cambio o cuando ven que no lo consiguen. Hay que ser realista, pero también el insistir puede traer sus frutos.
  3. Los objetivos deben ser realistas y adaptados: Hay que enseñarle a marcarse objetivos razonables, que sean posibles de lograr, que se encuentren a su alcance y que pueden ser medidos. Es la mejor forma de poder valorar posteriormente el esfuerzo que han supuesto.
  4. Los padres deben ser el ejemplo: Somos un modelo a imitar por nuestros hijos y, sobre todo, en los primeros años de vida. Por ello, no podemos enseñar ni exigir, si nosotros no damos el ejemplo que buscamos.
  5. Evitar la sobreprotección: No hay que evitarle los problemas, ni hacerle todo; es más, es conveniente educarle en la autonomía para que sepa valerse por sí mismo. La sobreprotección tiene verdaderos efectos perjudiciales y no le hacemos ningún bien.
  6. La permisividad, otro enemigo. El niño, tenga la edad que tenga, necesita de un guía, de modelos para hacer las tareas, para superar los retos. Y qué mejor modelo o guía que nosotros mismos, no dejemos que aprenda las cosas fuera de casa, preocupémonos en educarlos.

Esperamos poder seguir trabajando juntos en pos del sano desarrollo de sus hijos.

 

Departamento de Apoyo Escolar                                                                             Viña del Mar, Septiembre 2018

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